En el marco del Jueves Santo, el arzobispo de Córdoba, Ángel Rossi, encabezó el tradicional lavatorio de los pies en dos escenarios marcados por realidades muy distintas pero atravesadas por el mismo mensaje: la cárcel de mujeres de Bower y barrio La Tela.
En la Penitenciaría de Mujeres, Rossi presidió la Misa de la Cena del Señor junto al capellán y lavó los pies a mujeres privadas de la libertad, en un gesto cargado de simbolismo que buscó reflejar que nadie queda fuera del amor de Dios. Durante su homilía, transmitió un mensaje de esperanza, remarcando que cada vida tiene valor y alentando a sostenerse mutuamente en medio de situaciones difíciles.
Además, el gesto también incluyó a sacerdotes presentes, como signo de una Iglesia donde el servicio es compartido y nadie está por encima de otro.
Más tarde, en barrio La Tela, el lavatorio tomó otra dimensión al reconocer a vecinos y vecinas que, en lo cotidiano, acompañan a personas en situación de vulnerabilidad. Trabajadores, referentes sociales, madres y agentes comunitarios fueron parte de una celebración marcada por la cercanía y el compromiso.
La jornada dejó un mensaje claro: el lavatorio de los pies no es solo un rito, sino una invitación concreta a vivir una fe activa, presente en las periferias y al servicio de quienes más lo necesitan.

