El captador de Lanús habló sobre el crecimiento del fútbol formativo cordobés, la importancia de la paciencia en Primera División y el rol —muchas veces perjudicial— de los padres en las inferiores.

El trabajo silencioso de las divisiones inferiores suele ser la base de los grandes proyectos deportivos. Y en ese camino, Pablo Kratina —con años de experiencia en la captación y formación juvenil— vuelve a asumir un desafío en uno de los clubes modelo del país: Club Atlético Lanús.

“Arranco un nuevo año vinculado a la formación en el fútbol. Lanús es un club totalmente estructurado, con una de las mejores divisiones inferiores del país”, asegura. No es su primera experiencia allí: ya había trabajado en la institución en 2016 y 2017, y también tuvo pasos por Club Atlético River Plate.

Para Kratina, quien viene trabajando junto a su compañero de ruta Fabio Radaelli, el criterio es claro: “Hay dos factores fundamentales: que el chico juegue bien, no importa la estatura ni el tamaño. El talentoso siempre tiene las puertas abiertas”. Si bien reconoce que a veces deben reforzar puestos específicos, insiste en que la prioridad es el talento. “Lo importante es encontrar pibes que jueguen bien para la institución donde uno esté”.

Córdoba, en crecimiento

Al analizar el presente del fútbol formativo cordobés, el diagnóstico es optimista. “En los últimos diez años dio un salto de calidad terrible”, sostiene. En ese crecimiento destaca el trabajo de Belgrano, Talleres e Instituto, clubes que han logrado consolidar proyectos que nutren a sus planteles profesionales con jugadores surgidos de casa.

“Belgrano viene sacando uno, dos o tres jugadores por año. Talleres empezó a poner varios chicos en Primera y eso le hace bien al club y a quienes trabajan en inferiores. Instituto también viene mejorando. Se nota el crecimiento desde lo futbolístico y desde la apuesta a los juveniles”, analiza.

Paciencia, la palabra clave

Uno de los ejes centrales de su mirada es la necesidad de sostener a los jóvenes cuando llegan a Primera División. “No es lo mismo jugar en Cuarta que hacerlo con 40 o 50 mil personas en la cancha. Hay nervios, presión y un período de adaptación. Si traés un jugador de afuera lo bancás seis o siete partidos; al chico del club hay que bancarlo igual o más”.

Para el formador, la falta de paciencia muchas veces termina siendo perjudicial: “Acá se los apura. Juega mal un partido y parece que no puede jugar más. Después se va a otro club y rinde. Faltó paciencia”.

El rol de los padres

Consultado sobre el comportamiento en el fútbol infantil, Pablo fue contundente: “Muchos padres no aportan, al contrario. Están obsesionados con el resultado, con ganar como sea. Le echan la culpa al técnico, al árbitro, al profe. No entienden que el fútbol formativo es aprendizaje y disfrute”.

Y agrega: “Esto es una maratón, no una carrera corta. Algunos quieren que sus hijos logren lo que ellos no pudieron. Pero tal vez al chico le gusta otra cosa. Hay que acompañar, no presionar”.

Con años de recorrido y una mirada formativa integral, Pablo Kratina sigue caminando las canchas del interior cordobés en busca de talento. Pero su mensaje va más allá de la captación: apuesta a la paciencia, al crecimiento sostenido y a entender que el fútbol, antes que nada, debe ser un espacio de formación y disfrute.